El poeta dice la verdad
Garo Arakelian presentó su primer disco solista y despejó cuanta duda había: hay Garo para rato.
Disuelta La Trampa –banda emblemática del rock uruguayo en la última década– y siete discos atrás, Garo compuso canciones basadas en historias y casos reales. Despojado de su guitarra eléctrica, forjó un disco sobrio y sin sobresaltos, apoyado en destellos de sutileza y músicos de alto calibre. En Un mundo sin gloria, el último disco, algunas pocas víctimas atrapadas en el silencio aprovecharon el virtuosismo de Garo y salieron a la luz. Garo volcó todo su potencial en historias manchadas por la injusticia, historias que dormían escondidas bajo la alfombra de la impunidad.No fue una noche más. Garo y su gente pactaron la cita el viernes 14 de junio en La Trastienda. A pocos minutos del comienzo, el frío era intenso y la caja negra, esas cuatro paredes que han tenido el privilegio de escuchar a verdaderos animales de la música, aguardaba cálida y expectante. La barra desbordaba. Merodeaba algún que otro vaso de grapa para calentar la garganta y cerveza para los sedientos. El escenario estaba desnudo. Se destacaban apenas dos ramas de laurel entrelazadas. La corona alude a la victoria de la insurrección mediada por una guitarra. El disco es una contienda. Una mirada introspectiva. Un verdadero acto de sinceramiento. Una lapicera, una guitarra, una armónica, una voz y la realidad. Garo es el artífice de un repertorio reivindicador dispuesto a desafiar la consciencia de los oyentes. Sonaba música de fondo. La velada era perfecta. El paso se dificultó, indicio de que estábamos todos. Solo falta Garo. Ahí viene. Silencio.
La visita. Garo atravesó el escenario. Pisó firme. Tomó su armónica y despedazó el silencio. El peso de la irrupción fue estremecedor. Rasgueó la guitarra. Se escucharon silbidos y varios aplausos cómplices. Los reflectores jugaban por entre los músicos. El show cobró vida. Las historias empezaron a ser contadas. Ocho canciones que incluye Un mundo sin gloria recopilan parte de lo que pasó entre 1914 y 2012. El antecedente más cercano nos remite a Nick Cave & The Bad Seeds y su noveno disco Murder Ballads –editado en 1996 y revelador de historias perturbadoras–. Garo, en parte, recoge la obra de artistas como Bruce Springsteen y Bob Dylan. Sin embargo, Crónicas de sangre, sudor y lágrimas escrito por Leonardo Haberkorn hizo mella en Arakelian. En pocas palabras, la obra reúne once crónicas ávidas de mostrar lo oculto, lo perverso detrás de la cotidianidad. En esta ocasión, Gloria Cor es la piedra fundamental de este disco: el mejor de los disfraces para saltar al escenario y contar qué pasó. Eso hizo Garo. Contó la historia de una agente policial y la de otros que fueron consumidos por la indiferencia del periodismo. La visita abrió el repertorio. `Cuando el viento me sople al oído, que ya no estás pensando en mí, voy a incendiar este hospital, voy a arrasar este país, cuando es amor no sé medir, y si es perdón no sé pedir, y para no verte sufrir, prefiero que no quede nada´, rezó el compositor empedernido.
Que mi amor les llegue hoy. El desamor y la desesperanza revolotearon como fantasmas escandalosos. Era poco el optimismo. El tono de su voz, el dinamismo del show y el color de las letras conjuraron a la perfección. Los vestigios del rockero estridente quedaron enterrados. Garo se vistió de cantor y lució sus mejores versos. Sin embargo, el pasado salió a relucir. `La Trampa merece una despedida´, `que vuelva La Trampa´ resonó entre canción y canción. Parece una espina difícil de sacarse. Un velo de melancolía cayó sobre el público: Alejandro Spuntone, ex vocalista de La Trampa, subió al escenario y cantó a dúoLas Décimas en una versión criolla totalmente desenchufada. De todos modos, la nueva identidad es patente. La carta de presentación es otra y también lo es la apuesta. Un mundo sin gloria propone un ejercicio de alta exigencia: escuchar, entender y dejarse llevar. Terminó el show. Guitarra en mano, dio media vuelta y se fue. El poeta dice la verdad.
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