5.8.13

JOSÉ LUIS PALMA


“Yo planteé que la única forma de acercarme al club era si se aceptaba mi manera de ser, que es ésta, ser individualista”.



Foto: tenfield.com.uy
Corrían las seis de la tarde y poco a poco Belvedere se iba apagando. Ómnibus por doquier, vendedores ambulantes cerrando la jornada, comercios prácticamente vacíos y la sede del Liverpool Fútbol Club, incrustada en la avda. Agraciada, tiñe de azul la tarde gris que augura una lluvia pesada. Entre trofeos y recuadros, dos jóvenes promesas brasileñas rondan por la sede social y conocen el personal. Falta apenas una hora para que la Sala de Sesiones abra sus puertas y reúna a los dirigentes negriazules. Mientras, José Luis Palma, máxima autoridad del club, explica los pormenores de acompasar la dirigencia deportiva con los asuntos empresariales.
- ¿Quién lo hizo hincha de Liverpool?

José Luis Palma: - Yo nací en el Cerro. Mi padre hasta su muerte fue el socio más antiguo de Cerro. Mi hermano era hincha y jugador de ese club; pero parte de mi familia vivía en Belvedere y yo frecuentaba la casa de mis abuelos. Allí vivía un cuñado de mi madre que era fanático de Liverpool y con cuatro años me traía a la vieja sede del club para jugar en las hamacas que estaban en frente. Fui primero socio de Cerro antes que de Liverpool porque mi padre me hizo al nacer; pero desde que tuve uso de razón le devolví el carné y me hice de Liverpool.
-  ¿Qué balance hace desde que asumió en 2001 hasta el día de hoy?

JLP: - Este año empiezo mi decimotercer año de gestión en forma ininterrumpida y eso significa haber sido votado siete veces por los socios. Liverpool antes de nuestra asunción en el 2001 venía de un período con turbulencias. Hubo luchas intestinas que diluyeron una gran gestión como fue el quinquenio de 1970 a 1975 presidido por Rodolfo Larrea. Una época de grandes transformaciones, de la “operación coraje”, de la construcción de la sede, de la compra de Lomas de Zamora, una gestión deportiva muy exitosa ya que Liverpool peleó campeonatos y en su momento tuvo siete jugadores titulares en la selección nacional. Por errores propios Liverpool no pudo mantener esa posición. Yo ingresé teniendo claro conocimiento de la realidad estatutaria. Si no había lugar para la reelección no me hubiera presentado. Dos años son insuficientes para lograr cambios importantes. Si lo que se quiere es ser campeón, quizás dos años alcancen. Es cuestión de invertir dinero, contratar jugadores y acertar con un técnico.

- ¿Vale ganar a cualquier precio?

JLP: - De ninguna manera. Yo pienso que lo mejor de Liverpool está por venir. Se ha trabajado en silencio y sin mucho brillo durante todos estos años. Por ejemplo, en divisiones formativas. Año a año aportamos juveniles a primera división, nuevos valores que sustituyen a los que emigran, los que se venden o que culminan su contrato. Hoy por hoy, Liverpool tiene un promedio de ocho o nueve jugadores titulares por fin de semana que fueron formados en el club. Eso implica una baja en el presupuesto, pero además permite la generación de una mística que ante la adversidad hace viable recomponer el equilibrio. Hay que tener mucha paciencia y prepararse para el éxito que, a veces, resulta ser lo más difícil. El día que se cumpla un gran objetivo hay que saber administrar esa bonanza sin inflar los presupuestos ni abandonar el trabajo cotidiano. Ese es el camino y es en el que estamos.

- ¿Cómo se forma al jugador en Liverpool?

JLP: - El criterio es mantener al coordinador, al gerente de las inferiores y a los distintos cuerpos técnicos más allá de los resultados. En primera división los técnicos se mantienen por los resultados. Pero, en inferiores el resultado no es tan dramático. Durante muchos años, cuando la informática todavía no estaba instaurada en la educación básica, para todos los chicos del interior, que en ese momento eran casi veinticinco, se les daba alojamiento, las cuatro comidas diarias y a quienes habían abandonado los estudios se les daba inglés y computación. A los chicos que no son del interior, pero que provenían de un medio social bajo, se les brindó apoyo para que sean mejores personas y mejores jugadores. Hoy por hoy, triunfan los que piensan y no sólo los que son artistas de la cintura para abajo. La filosofía del club es formar generaciones estables que generen lazos, identidad y enraizamiento con la institución; pero además grupos acostumbrados a pelear juntos.

- ¿Cuánto hay de racional y cuánto de emocional a lo hora de presidir una institución deportiva?

JLP: - Trato de que lo racional se imponga sobre lo emocional. El hincha suele equivocarse porque la pasión lo nubla. Sin dejar de sentir la pasión por los colores, me he impuesto dominar esa pasión y decidir con la frialdad de un empresario. En el buen sentido, es darle la espalda a la tribuna, no es que sea sordo a los reclamos de los socios, pero no me hago una caja de resonancia fiel en un cien por ciento. Si bien puedo tomar en cuenta las críticas, las manifestaciones que permanentemente los hinchas hacen cada fin de semana, trato de ser impermeable para poder concentrarme en lo que deben ser las mejores decisiones para la institución.

- ¿Qué problemáticas debe afrontar un dirigente hoy en día?

JLP: - Muchas. Sobre todo desde el punto de vista económico. Los presupuestos se han inflado muchísimo por dos motivos inevitables: el dólar ha perdido valor y la venta de jugadores es el único recurso genuino que puede sustentar el presupuesto de la institución. Las ventas se hacen en dólares y el presupuesto es en pesos. Hoy los jugadores tienen un salario mínimo de $26.000 y si bien juegan once, hay que bancar unos treinta contratos y proteger a los juveniles porque si no quedan libres al cumplir dieciocho años y se los llevan los empresarios: otro de los grandes problemas que enfrenta el fútbol. La presencia de agentes que seducen a los chicos y a sus padres con dádivas que son buen anzuelo para gente mal informada o con necesidades económicas. Muchas veces el club es responsable de no bloquear eficientemente esa influencia. A veces no le damos a los chicos lo mínimo e indispensable. Ya sea buenos vestuarios, asistencia médica, buena indumentaria o canchas aptas para jugar. Liverpool en eso tiene muy claras las cosas y a la fecha no ha perdido ningún jugador valioso a manos de algún contratista. Los jugadores son personas. No puedo aceptar la expresión “me robaron un jugador”. Yo puedo robar un objeto o dinero, pero no puedo robar una persona. Yo no puedo evitar que haya empresarios, pero sí puedo lograr que haya jugadores fieles al club. Capaz que alguna vez nos toca, pero va a ser la excepción.

- ¿Cuál cree que es la solución?

JLP: - Yo me preocupo por Liverpool. Por el fútbol uruguayo que se preocupen los dirigentes del fútbol uruguayo. Por eso nunca quise ocupar un cargo fuera de Liverpool. Mi única preocupación es el club. Capaz que si el fútbol uruguayo está muy bien, Liverpool también lo esté. Esto es una carrera en la que la meta, para el club, es estar en un campeonato internacional. Es casi una obligación y este año es un año de frustraciones porque estamos prácticamente afuera. El fútbol tiene esas connotaciones irracionales de que instituciones con muy poco presupuesto logran mejores resultados que otras. Liverpool invierte US$ 60.000 mensuales en juveniles y hay instituciones que invierten más.

- ¿Se siente respaldado por los demás clubes en esta postura que adopta?

JLP: - Eso no me preocupa. Yo estoy para dirigir a Liverpool. No preciso del respaldo ni lo busco. El respaldo que busco es el de los asociados, de los empleados, de los jugadores y los hinchas.

- ¿Siente ese apoyo?

JLP: - Absolutamente. Incluso a veces hasta me hace sentir mal tanto respaldo. Me da vergüenza que en la cancha le pidan al técnico la renuncia y no me pidan a mí que lo despida si en definitiva fui yo quien lo trajo.

- ¿Es injusto que ese respaldo se valore a partir de los resultados deportivos?

JLP: - Es que al hincha le importa más una buena posición en la tabla que un buen balance. Esto es una fotografía de la realidad. Por algo Peñarol y Nacional fueron de cien años, noventa campeones ellos. Pasa lo mismo en Italia, España, Inglaterra y en todo el mundo. Dos más dos no es cuatro en el fútbol, pero tampoco es ocho. Será cuatro y medio. Pero, sin duda que no es ocho.

- ¿Cómo ve al periodismo deportivo?

JLP: - No lo juzgo porque no lo sigo. Sí entro a los portales en internet para ver las noticias. No tengo tiempo para escucharlos. Creo que es un mundo en el cual si uno entra es difícil salir. Una expresión, una opinión puede afectar nuestra persona y si no lo escuchamos es como que no nos llega, y si lo escuchamos tenemos que salir a contrarrestar. Se genera un contrapunto de muchos días que consume muchas horas de mí día. En fin, horas perdidas.

- ¿Ve como una carga tener que lidiar con la dirigencia y su empresa?

JLP: - No. Es un cable a tierra. Vivo para mi trabajo, mi familia y Liverpool. El club es la parte lúdica que me permite conectarme con ese mundo maravilloso de las pasiones. Nunca entré a Belvedere con el ánimo caído. Me gusta ver a la gente, las banderas y vivir los goles. Me gusta ver cómo los hinchas viven los goles.

- ¿A quién recurre cuando tiene que tomar decisiones importantes?

JLP: - A la almohada. Es la mejor consejera. Soy muy individualista, pero eso no es una traición a mis compañeros. Cuando en el 2000 me fueron a buscar, si bien era hincha no tenía ningún pasado como dirigente. Lo normal es que quien llega a presidente primero fue directivo o delegado en la AUF –Asociación Uruguaya de Fútbol–. Yo nunca había venido a votar. La primera vez que voté fue a mí mismo. Cuando me fueron a buscar, Liverpool atravesaba un momento muy especial porque había descendido y tenía enormes dificultades para empezar el campeonato en la B por deudas contraídas con técnicos y jugadores. Yo planteé que la única forma de acercarme al club era si se aceptaba mi manera de ser, que es ésta, ser individualista. Desde el primer día las cosas fueron así y hasta el último día van a ser de la misma manera.    
07/05/13

4.8.13

GARO ARAKELIÁN

Crónica de una separación ¿anunciada?

Foto: ladiaria.com.uy
''‘Nunca trabajé vinculado a la música y nunca quise’": una frase extraña de escuchar en un músico.

Con los pies sobre la tierra, Garo Arakelián –guitarrista de La Trampa–, confiesa la dificultad de un posible retorno de la banda que marcó al rock n´ roll uruguayo en la última década. "Hace dos años que estamos parados y estoy componiendo, independientemente de pensar en volver con la banda".

Entre anécdotas y desahogos, Arakelián admite que su generación tuvo una oportunidad única: "estar parada en el momento que terminó la dictadura y empezó la democracia; desde el punto de vista artístico, tenía un rol histórico para desarrollar y, sin embargo, es una generación que se quedó en la nada".

La entrevista prosigue y comenta los inicios. "Antes, tener una banda era inadmisible, a nadie se le ocurría, a no ser que fuera en broma. La primera vez que sentí la posibilidad real fue ante Traidores, el primer contacto directo que tuve con la música".

Lejos de todo acto de magnificencia o relato casi mítico de por qué la guitarra llegó a sus manos, explica que "era el instrumento más popular, el más barato, el que más se enseñaba y el que estaba relacionado con la música popular". No en vano destaca a Astor Piazzolla, Alfredo Zitarrosa y Gastón Ciarlo, como figuras influyentes.

La banda se formó en 1991 en Facultad de Arquitectura. "Los primeros integrantes –Sergio Schellemberg, Martín Rosas, Nicolás Rodríguez y Gabriel Francia– nos conocíamos del liceo 10. Entramos a Facultad de Arquitectura y ahí fue que pensamos en la idea de tener una banda". Agrega: "antes de La Trampa tuve pequeños eventos para el olvido, pero puedo decir que fue el único proyecto importante".


En Garo Arakelián conviven dos facetas relacionadas con el arte: la música y el diseño gráfico. Sin embargo, enfatiza: "a la música nunca me dediqué". "Tocar en ese momento era tocar con tres instrumentos de mala calidad y hacías lo mejor que podías. No sabías cómo era sonar bien porque no había un mundo que te hiciera ver que lo que tocabas era espantoso, más que nada estaban las ganas. La banda significaba alejarse de las reglas de la familia, del trabajo, era una pandilla alejada del mundo. Era otro mundo, lejos del jefe, la estructura del trabajo y el horario. Aunque no suene comprometido con el arte, la razón por la que me fascinó tener una banda era esa: tener una parte de la semana en donde las reglas las ponía yo".

"Siempre fue muy magro lo que se ofrecía por dedicarte a la música. Hubo períodos muy cortos en los que la música funcionó económicamente, pero sabía que era algo que iba a durar poco; igualmente siempre necesité un trabajo porque fui independiente". Arakelián explica que la música y el diseño gráfico no compitieron entre sí porque cuando La Trampa se inició, él ya tenía un trabajo. "Vi lo que le pasó a la gente que decidió vivir de la música, gente muy inteligente, pero que se emperró en vivir de la música y sufrió el estar inmerso en algo que la lógica te indica que no funciona: si la gente no te quiere escuchar no le podés echar la culpa a nadie y si la gente no te escucha, no podés vivir de la música".
lustra su punto con una anécdota que resume la indefinición que por momentos lo abatió.

"Me acuerdo del día que nos fuimos de viaje con mi esposa y tuve que sacar el pasaporte. Cuando tuve que decir a qué me dedicaba quise poner ‘músico’ porque yo no daba con la vida de un músico. La música es algo a lo que le dedico gran parte de mi tiempo que no es curricular, porque el tiempo invertido en hacer una canción no tiene horario ni una devolución inmediata".

Repasa lo vivido y descubre –con un tono casi temeroso– que con La Trampa "pasaron cosas que antes no pasaban". "Si bien no se acerca ni un poco a lo que uno puede leer en biografías de artistas referentes y al ‘‘sexo, drogas y rock n´ roll’’, hubo mucho descontrol en determinadas situaciones, viajábamos muchísimo y eran cosas difíciles de dominar", confiesa. "Tal vez suene moral, pero es una intuición, temía que todas esas situaciones terminaran afectando el proyecto".

Por un momento parece que Garo elaborara la autopsia de una banda imposible de revivir. "La mayoría de nosotros no estábamos preparados para algunas cosas, y como digo yo ‘el perro que ya mordió, nunca más es el mismo perro’, entonces cuando tenés una banda durante muchos años a la que no le pasa nada y de repente la policía te tiene que sacar porque las minas te quieren sacar la ropa, aunque parezca absurdo, pasa, y ya nada es lo mismo".  

Habla de cómo sobrellevó la rutina de la banda y la familia. "Tiene un precio altísimo. Hay que ser muy inteligente para que no te afecte, yo no fui tan inteligente y desatendí algunas cosas. Uno ve con mucha claridad la vida de los demás". Sentencia sin titubear: "no me arrepiento porque todo lo que sucedió lo manejé con dignidad".

Cuando habla de un posible retorno de La Trampa tiene el panorama bien claro. Volver a juntarse "depende de una simultaneidad de eventos", se ríe. "Depende de cuántas cosas tenés que explicarte frente a tus compañeros para saber si estás hablando de lo mismo.
Llega un momento en que hay preguntas que no se pueden contestar. Tiene que haber una razón que sea como el efecto doppler de lo que pasó, tiene que haber suficiente memoria de cómo se hicieron las cosas, pero si tenés que explicar todo no funciona. No considero mi relación con la banda como una relación de pareja, pero sí comparten el mismo grado de dificultad".

Algo así como un personaje que encarna lo opuesto a la estrella del rock, una especie de celebridad criolla anti-rock, Arakelián hizo un breve relato que dejó entrever certezas e incertidumbres respecto al pasado logrando conjugar el presente y el futuro.


Publicado en In situ
02/04/12