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| Foto: ladiaria.com.uy |
''‘Nunca trabajé vinculado a la música y nunca quise’": una frase extraña de escuchar en un músico.
Con los pies sobre la tierra, Garo Arakelián –guitarrista de La Trampa–, confiesa la dificultad de un posible retorno de la banda que marcó al rock n´ roll uruguayo en la última década. "Hace dos años que estamos parados y estoy componiendo, independientemente de pensar en volver con la banda".
Con los pies sobre la tierra, Garo Arakelián –guitarrista de La Trampa–, confiesa la dificultad de un posible retorno de la banda que marcó al rock n´ roll uruguayo en la última década. "Hace dos años que estamos parados y estoy componiendo, independientemente de pensar en volver con la banda".
Entre anécdotas y desahogos, Arakelián admite que su generación tuvo una oportunidad única: "estar parada en el momento que terminó la dictadura y empezó la democracia; desde el punto de vista artístico, tenía un rol histórico para desarrollar y, sin embargo, es una generación que se quedó en la nada".
La entrevista prosigue y comenta los inicios. "Antes, tener una banda era inadmisible, a nadie se le ocurría, a no ser que fuera en broma. La primera vez que sentí la posibilidad real fue ante Traidores, el primer contacto directo que tuve con la música".
Lejos de todo acto de magnificencia o relato casi mítico de por qué la guitarra llegó a sus manos, explica que "era el instrumento más popular, el más barato, el que más se enseñaba y el que estaba relacionado con la música popular". No en vano destaca a Astor Piazzolla, Alfredo Zitarrosa y Gastón Ciarlo, como figuras influyentes.
La banda se formó en 1991 en Facultad de Arquitectura. "Los primeros integrantes –Sergio Schellemberg, Martín Rosas, Nicolás Rodríguez y Gabriel Francia– nos conocíamos del liceo 10. Entramos a Facultad de Arquitectura y ahí fue que pensamos en la idea de tener una banda". Agrega: "antes de La Trampa tuve pequeños eventos para el olvido, pero puedo decir que fue el único proyecto importante".
En Garo Arakelián conviven dos facetas relacionadas con el arte: la música y el diseño gráfico. Sin embargo, enfatiza: "a la música nunca me dediqué". "Tocar en ese momento era tocar con tres instrumentos de mala calidad y hacías lo mejor que podías. No sabías cómo era sonar bien porque no había un mundo que te hiciera ver que lo que tocabas era espantoso, más que nada estaban las ganas. La banda significaba alejarse de las reglas de la familia, del trabajo, era una pandilla alejada del mundo. Era otro mundo, lejos del jefe, la estructura del trabajo y el horario. Aunque no suene comprometido con el arte, la razón por la que me fascinó tener una banda era esa: tener una parte de la semana en donde las reglas las ponía yo".
"Siempre fue muy magro lo que se ofrecía por dedicarte a la música. Hubo períodos muy cortos en los que la música funcionó económicamente, pero sabía que era algo que iba a durar poco; igualmente siempre necesité un trabajo porque fui independiente". Arakelián explica que la música y el diseño gráfico no compitieron entre sí porque cuando La Trampa se inició, él ya tenía un trabajo. "Vi lo que le pasó a la gente que decidió vivir de la música, gente muy inteligente, pero que se emperró en vivir de la música y sufrió el estar inmerso en algo que la lógica te indica que no funciona: si la gente no te quiere escuchar no le podés echar la culpa a nadie y si la gente no te escucha, no podés vivir de la música".
lustra su punto con una anécdota que resume la indefinición que por momentos lo abatió.
"Me acuerdo del día que nos fuimos de viaje con mi esposa y tuve que sacar el pasaporte. Cuando tuve que decir a qué me dedicaba quise poner ‘músico’ porque yo no daba con la vida de un músico. La música es algo a lo que le dedico gran parte de mi tiempo que no es curricular, porque el tiempo invertido en hacer una canción no tiene horario ni una devolución inmediata".
Repasa lo vivido y descubre –con un tono casi temeroso– que con La Trampa "pasaron cosas que antes no pasaban". "Si bien no se acerca ni un poco a lo que uno puede leer en biografías de artistas referentes y al ‘‘sexo, drogas y rock n´ roll’’, hubo mucho descontrol en determinadas situaciones, viajábamos muchísimo y eran cosas difíciles de dominar", confiesa. "Tal vez suene moral, pero es una intuición, temía que todas esas situaciones terminaran afectando el proyecto".
Por un momento parece que Garo elaborara la autopsia de una banda imposible de revivir. "La mayoría de nosotros no estábamos preparados para algunas cosas, y como digo yo ‘el perro que ya mordió, nunca más es el mismo perro’, entonces cuando tenés una banda durante muchos años a la que no le pasa nada y de repente la policía te tiene que sacar porque las minas te quieren sacar la ropa, aunque parezca absurdo, pasa, y ya nada es lo mismo".
Habla de cómo sobrellevó la rutina de la banda y la familia. "Tiene un precio altísimo. Hay que ser muy inteligente para que no te afecte, yo no fui tan inteligente y desatendí algunas cosas. Uno ve con mucha claridad la vida de los demás". Sentencia sin titubear: "no me arrepiento porque todo lo que sucedió lo manejé con dignidad".
Cuando habla de un posible retorno de La Trampa tiene el panorama bien claro. Volver a juntarse "depende de una simultaneidad de eventos", se ríe. "Depende de cuántas cosas tenés que explicarte frente a tus compañeros para saber si estás hablando de lo mismo.
Llega un momento en que hay preguntas que no se pueden contestar. Tiene que haber una razón que sea como el efecto doppler de lo que pasó, tiene que haber suficiente memoria de cómo se hicieron las cosas, pero si tenés que explicar todo no funciona. No considero mi relación con la banda como una relación de pareja, pero sí comparten el mismo grado de dificultad".
Algo así como un personaje que encarna lo opuesto a la estrella del rock, una especie de celebridad criolla anti-rock, Arakelián hizo un breve relato que dejó entrever certezas e incertidumbres respecto al pasado logrando conjugar el presente y el futuro.

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